La importancia personal se roba todo instante de paz. No nos damos cuenta de que en complicidad con el miedo, es una perfecta ladrona de vida. Caemos en su juego por las noches cuando hacemos un reclamo inútil o en la mañana cuando nos hacemos los avispados para ganar no sólo el argumento sino los millones también. Se pierde el humor, se asientan la pedantería y la frigidez de ropajes y exigencias. Pequeñas reacciones inconscientes repletas de tensión que van tejiendo cada paso e instalando una forma de vivir y percibir. Así, el mundo se hace pequeño, estrecho y más doloroso por lo invadido de hábitos inútiles que alimentan sólo el ego.

Los indígenas del sur de México insisten en que la importancia personal nos ancla en una forma de percepción específica. Es un tipo de realidad. Un mundo en el que andamos limitados, cansados, aburridos y sin espíritu vital. Es estar dando una batalla infructuosa contra un no sé qué fantasmagórico en un mundo muerto. Perseguimos la esclavitud con esas pequeñas importancias; nos atamos sin razón ni necesidad a las ínfulas de pacotilla; nos ahorcamos con la prepotencia de lo dicho y quedamos a tientas y endeudados hasta el cuello para pagar los deseos del ego. Nos aferramos a la ilusión de creer ser mejor que el otro. Así, sin darnos ni cuenta, nos contraemos y entumimos para ir exhibiendo toda esa importancia fea e inútil.

“No solo escribo acerca de mis excesos, sino, también acerca de esas cosas que de repente vienen a la mente y te hacen pensar. Esas cosas que me hacen ser lo que soy, esas cosas que importan y que no. Vivo muy agradecida con esas cosas que no me importan: no me desvelan y no me inquietan porque no tengo que preocuparme por ellas. No me importan los divorcios de las divas, ni sus escádalos, mucho menos si comen o dejan de comer : grave es que maten indígenas y sindicalistas; grave es que la mitad de la población viva en la pobreza y encima le cobren IVA a lo poco que comen, grave es que les quiten el recargo dominical a los que no descansan los domingos, grave es que cierren hospitales o que los paracos desentierren a los muertos de las masacres para que desaparezcan las pruebas. ¿A cuántos colombianos esto si les parecerá importante?
Estos últimos días me he hecho tantas preguntas, que ya ni recuerdo si tienen respuestas y mucho menos cuántas han sido, pero hoy pienso que si uno es sincero y quiere que le hagan realmente una buena pregunta, tendría que ser una pregunta fundamental que nos ayudara a aclararnos alguna cosa íntima a nosotros mismos. Algo que fuera interesante para sí mismos, y quizá también, por extensión, para los demás.

En tal caso me preguntaría, creo, algo que ni yo ni los otros pueden saber muy bien. Por ejemplo: ¿Por qué esa sed de cambiar radicalmente de vida cada tres o cuatro meses? Yo me he pasado la vida tratando de empezar una nueva vida. Ahora que me hago esta pregunta, reconozco el valor de la rutina y sé que muchas cosas hay que volverlas rutinarias para poder soportarlas. Bañarse, cepillar el cabello, arreglarse las uñas, limpiar la casa, ir al banco, lavar la ropa o lavar los platos. Lo obligatorio y aburrido hay que volverlo rutinario y hacerlo siempre, en la medida de lo posible, a la misma hora. Pero el resto de las cosas de la vida, las agradables, las intensas, detesto que se vuelvan rutinarias.Como hacer el amor.

¿Cuántos años se pueden vivir al lado de una misma mujer o de un mismo hombre sin que la vida se vuelva un infierno? ¿Cuántas veces a la semana se pueden comer frijoles, pasta o pizza sin que nos empiece a dar asco? ¿Cuántas veces se puede mirar el mismo cuadro? A los cuadros hay que cambiarlos de pared por lo menos una vez al año si queremos volver a verlos. Con el paisaje no ocurre lo mismo porque el paisaje siempre cambia: los árboles crecen, se les caen las hojas, dan frutos o florecen, el río se seca o se desborda, el cielo va variando de color. También las caras cambian, pero casi siempre para empeorar, y esa metamorfosis no me agrada.

Entonces, me detengo y pienso, es por esto el cambio de vida cada cierto tiempo. Pasarse de casa o al menos de cuarto, aprender un idioma, conocer nuevas personas, irse a vivir a otra ciudad, a otro país o al menos a otro barrio, eso que para algunas personalidades es un desastre porque desacomoda su vida, a mí en cambio me da una sensación de libertad, de arrebato, de que algo se renueva fuera y dentro de mí. No creo que sea una huida, como dirían los psicoanalistas, sino una búsqueda, una búsqueda que no tiene ningún objeto preciso. Los que tenemos la tendencia a aburrirnos cuando algo se nos vuelve hábito, necesitamos estas pequeñas revoluciones. Al cabo de un tiempo todo vuelve a lo de antes, y hay que volver a empezar, la piedra de Sísifo vuelve a rodar por la pendiente del aburrimiento, pero mientras tanto, mientras subimos la piedra, el tiempo pasa de un modo distraído, más suave, más ameno.”

El ocho de marzo no es un día de celebración o festejo como la mayoría de personas, al parecer, lo comprende. Es un día de conmemoración por los derechos humanos de las mujeres que son sujetas de derecho y como tales esta fecha es parte del camino para diseñar los pasos a fin de construir una mejor humanidad. Basta de banalizar este día convirtiéndolo en consumismo cínico de comprar presentes y demás detalles.

Porque no resulta nada sincero, alegre ni motivador felicitar a otro ser humano, cuando aún hoy en las latitudes de América Latina, el Caribe y en el resto del mundo, en estos mismos minutos otra mujer (madre, adolescente o niña) experimenta algún tipo de violencia.

¿Es grandioso celebrar en términos de obsequios y palabras dulces un ocho de marzo cuando en los primeros 67 días de este año se siguió reproduciendo diariamente mensajes negativos a favor de la violencia de género en los canales de televisión abierta y cable, en el bus que se usa, en la calle donde diariamente se transita?

En definitiva es un día de acción política para tomar conciencia del valor que significa la mujer en la constitución de una ciudadanía incluyente, solidaria y coherente. De esta forma al sumarte en este día con tu propia visión crítica y constructiva sobre esas prácticas violentas contra la mujer, la humanidad valida su propia esencia, reconoce y reverencia la existencia del ser humano mujer.

El Derecho a estar triste
"Y no tienes la culpa de estar triste. Vive tu tristeza, pálpala, deshójala en tus ojos, mójala con lágrimas, envuélvela en gritos o en silencio, cópiala en cuadernos, apúntala en tu cuerpo, apúntala en los poros de tu piel". Menciona Héctor Abad en su libro "Tratado de culinaria para mujeres tristes". 
Es así como comienza este escrito, apuntando mi tristeza en hojas y en la piel. Es necesario hacerlo, y más que necesario es urgente; necesito desahogar esto que grita el corazón antes que me dedique a amurallar mi propio sufrimiento y el riesgo a que me devore desde el interior se haga más evidente. Estos días he decidido escribir, escribir todo lo que siento sin preocupación, sólo con la convicción que cuando termine mi corazón se sienta mucho mejor. 
Me gusta escribir y seguramente será reconfortante hacerlo, pues, “escribir es como hacer el amor. No te debes preocupar por el orgasmo, debes preocuparte más bien del proceso” “Es la escritura un camino eterno, un boleto sin regreso, siempre quieres ir más lejos, porque la mejor de las palabras, aún está por escribirse”.
He aprendido que en cualquier momento de la vida se puede perder el camino pero lo importante es llegar al destino con dignidad. He aprendido también que sentir y vivir toda clase de sentimientos es válido, y es más válido aún reconocerlos. Entonces cuando llegué a ese punto logré entender lo que dice Abad, en su tratado de Culinaria para mujeres tristes: 
"Si dejas que te traten tu tristeza como una perversión, o en el mejor de los casos como una enfermedad, estás perdida: además de estar triste te sentirás culpable. Y no tienes la culpa de estar triste. Vive tu tristeza, pálpala, deshójala en tus ojos, mójala con lágrimas, envuélvela en gritos o en silencio, cópiala en cuadernos, apúntala en tu cuerpo, apúntala en los poros de tu piel. Pues sólo si no te defiendes, huirá a ratos, a otro sitio que no sea el centro de tu dolor íntimo”.
"Nadie puede indicarte la infalible ruta de la felicidad. Ésa te la fabricas sola y no depende, sin embargo, ni siquiera de ti, sino de una mezcla casual y siempre diferente de azar y voluntad. Una traición amorosa, la culpa, los años que pasan, las noches de desvelo, los antojos, los buenos modales, el deseo, el engaño: ¿cómo exorcizar los dolores del alma o la inquietud de la carne? Avivar los sentidos y perfumar la fantasía está permitido, pues los príncipes azules son escasos, el whisky alimenta un tiempo el engaño y la credulidad, a la mayoría de hombres les falta por lo menos un hervor, y la vida, en fin, es un manjar sutil y exquisito en que las risas y las lágrimas se cuecen a fuego lento”.
Con esto no quiero decir que nos debemos quedar ni sumergir en la tristeza, además cada uno es libre de vivir sus “duelos” como los crea convenientes. Yo simplemente busco compartir mi experiencia porque es mi manera de liberarme y quizás alguna mujer lo comparta conmigo en silencio. Entonces me doy cuenta que sentirse triste no es pecado, lo que sí es doloroso es negarlo, porque en ese sentido negaríamos nuestra condición de seres humanos. A la tristeza hay que dejarla “salir del closet”, para que vuelva a entrar la luz. 
Noches de llanto, e innumerables preguntas sin respuestas, se habían  vuelto parte de mi vida cotidiana, entonces decido ver de nuevo la película “Ma vie sans moi” ( Mi vida sin mí) y “Con los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca pensé que estaría así, nunca me vi, como lo diría ¿cómo?, como esas personas que disfrutan mirando la luna, que se pasan horas mirando las olas o los atardeceres, o el viento en los sauces, supongo que deben saber de qué clase de personas hablo, o a lo mejor no. Pero resulta que me gusta estar así, expuesta al frío, notando como el agua traspasa mi ropa, llega a la piel, y el olor, el tacto de la tierra que se ablanda, y el sonido del agua chocando contra las hojas. Todas las cosas de las que hablan los libros que no había leído. Esta soy yo, quien iba a pensarlo” Y no puedo permitir VIVIR MI VIDA SIN MÍ. Gracias tristeza.
Entonces si la vida fuera una película quisiera que la mía fuera un largometraje muy parecida a “Alicia en el País de las Maravillas”. Pues he logrado comprender que en la vida me encontraré con conejos blancos a quienes seguiré locamente, y su persecución me desembocara en aventuras y descubrimientos, también podré dar con algunos sombreros locos con quienes tomaré “algunas meriendas locas”, aparecerán y desaparecerán otras personas parecidas al gato de Cheshire y no faltarán además unas cuantas Reinas o Reyes de corazones de muy mal genio y rápidos para sentenciar a quien ose ofenderlos mínimamente. Y marcada por esos días de pensamiento infinito, me he atrevido a considerar que parte de la liberación de la mujer, una gran parte en realidad, se basa en poder superar los propios escollos que la sociedad puso en el camino. 
Y si, tienes derecho a estar triste pero recuerda lo que decía Alicia en su País de las maravillas. ¿Por qué todo el mundo me dice lo que tengo que hacer? ¡No! este es mi sueño y yo lo gobernaré.
Por esto “Quiero implorarle para que sea paciente con todo lo que no está resuelto en su corazón e intente amar. Las preguntas son como habitaciones cerradas y como libros escritos en idioma extranjero. No busque respuestas que no pueden ser dadas porque no sería capaz de vivirlas. Y la cuestión es vivir todo. Viva las preguntas ahora. Tal vez así, usted, gradualmente, sin darse cuenta, vivirá la respuesta un día distante” Pues, la vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero únicamente puede ser vivida hacia delante”. Soren Kierkegaard.

Te escribo, te escribo porque “A las palabras se las lleva el viento, pero la palabra escrita nunca puede ser borrada”,

"Qué bueno teñir los malos recuerdos" y por eso me pinto el pelo, qué bueno poderse despedir de lo que alguna vez fue, mirarse al espejo y entender que algo nuevo está por suceder, y que eres una persona muy diferente a la de hace algunos meses. Entiendo muchas cosas y más de las que crees. Pero no entiendo las mentiras. O mejor dicho nunca llegué a entender tus mentiras. No te pedí que me amaras.No te pedí que me quisieras.No te pedí que me extrañaras.

Solo te pedí que conmigo no fueras falso. Te pedí que fueras sincero.Se que estarás retrucando con “vos sabías en lo que te metías, vos sabías como era todo”. Si, lo sabía. Y nunca negué saberlo. Y así y todo, me animé .Pero todo cansancio tiene su cansancio, y al final uno entiende “la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma” Y que un beso no es un contrato y los regalos no son promesas .

Al final, después de todo, no tengo idea de que hubo de real en lo que fue o no fue. Porque ya te lo dije una vez: lo que se basa o se construye sobre mentiras nunca podrá ser.

Por eso hoy comprendo que SI es posible despedirse de lo que NO existió, pongas los colores que le pongas.

Después de mucho dolor siento que de nuevo tengo un corazón para decir, ADIÓS!

Y sobre todo contigo entendí que el amor no significa acostarse, y que prefiero perderme en mi misma y no en los demás!

El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.
"I have sexdaily! I mean dyslexia".